31 ene 2012

Una historia más entre dos...V Parte

Y cayeron las tardes de los lunes y martes, las despedidas por las mañanas de miércoles y jueves y los besos y caricias de los viernes, sábados y domingos...
Una noche, después de que la ténue luz de una vela  y varias copas de vino hicieran su trabajo y tras encontrarse ambos en la salida de un túnel de tren creado bajo el edredón, Ana, mirando a los ojos de Matías, pensaba si era posible que pudiera existir el amor eterno e indisoluble, el sentimiento perpetuo que sobrevive  a cualquier inclemencia temporal y distante...
- Tengo que decirte algo Matías- Aclaraba ella mientras  con sus dedos recorría la palma de la mano izquierda abierta de él...
- Me marcho-.
De seguida Matías notó que en aquel frágil tono de voz e inexplicable mirada compasiva no iba un: " me marcho" de mañana quedamos a la misma hora...
-.¿ Sabes?. Tienes todo el derecho a preguntarme el por qué digo esto de pronto, el qué pasó...Pero no lo hagas...simplemente no hagas eso...Es  algo que debo de hacer  y una decisión a la que adjudiqué fecha antes de conocernos costándome mucho iniciarla-.
Foto: José M. Sieres
Y Matías ¿ Qué hacer?¿Qué decir? ¿ Cómo actuar...?.Se levantó y fué hacia el cristal de la ventana...La noche estaba tranquila,las luces de la ciudad creaban a su alrededor  un extenso manto de colores sobre los que sus inquietos labios no atinaban a encontrarse.
Ana, levantándose de la cama se dirigió hacia él, Matías  mientras ella le abrazaba , miraba su rostro reflejado en el cristal ...Aún sin mediar palabras, no entendía muy bien aquella expresión que Ana dejaba entre ver...Entre los cálidos colores de la ciudad se dibujaba una relajada sonrisa y notaba en sus hombros las leves caricias que los dedos de ella iba dejando en el camino de su espalda.
- ¿ Crees en el amor  Matías?- En aquel que es capaz de nacer en unos pocos segundos y  llegar a convertirse en la esencia que da respuesta a nuestra vida...? Porque tú me lo has dado y estoy feliz por haberlo conocido a tu lado.-Durante unos segundos todo quedó en silencio...
-Mañana será el último día que si lo deseas nos veremos, tomaremos café, si así lo quieres donde la primera vez y comeremos churros como los de siempre y luego la noche dictará sobre presente y pasado de nuestras vidas..-.
Matías se volvió hacia ella, sus ojos se perdían una y otra vez en el camino que iba desde la comisura de sus labios hasta las muecas que provocaban los constantes parpadeos de Ana. Aún sin palabras se dirigió al aseo para refrescarse la cara y poder reaccionar ante tal situación y mientras que se secaba la cara con la toalla mirándose en el espejo , oyó la puerta de su casa, se asomó a su alcoba , pero ya  estaba vacía...
A la mañana siguiente, se levantó con la firme decisión de ir tras el trabajo a la pequeña tienda, le ayudaría a cerrar y después tendría el impreciso tiempo de un café para convencerla de que quizá el destino podría tomar nuevos rumbos, pero entonces...
Aquella tarde Matías se tuvo que quedar hasta tarde en la oficina, su jefe le había encargado terminar unos proyectos con la típica frase :
-" Los quiero para ayer..."-´...
Seguramente iba a ser el último en el que vería a la que hasta entonces era su amor ahora ya platónico, aquella muchacha que trabajaba en esa pequeña tienda donde una mañana entró para buscar algún detalle de aniversario para la mujer del jefe...
Finalizado el proyecto y entregado fue rápidamente  hacia el lugar donde la conoció, pero ya las llaves estaban echadas, se dirigió entonces al café donde rieron por primera vez pero ella no estaba.
Así acabó su día,con el tintero lleno de pensamientos y palabras,con promesas a realizar  en nuevos apartados de su vida...
A la mañana siguiente, el café que tomaba con los compañeros  sabia nuevamente igual de amargo y la tostada perecía más quemada que otros días. Al volver a su despacho, alguien le había dejado junto al ordenador un extraño paquete...Al romper el envoltorio se encontro con una " lámpara de lava", la misma  con la que  se mostró tan torpe aquella tarde; y colgada, con una fina cuerdecilla de ella, una tarjeta en la que Ana había dejado escrito:
Porque en ocasiones algo absurdo y sin sentido puede darnos respuesta a nuestros mayores deseos...Y lo que se siente debe ser eterno.






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